Estudio, deporte y sociedad
Primeramente quiero decir que lo que voy a exponer en este escrito no es más que una serie de consideraciones que no tienen por que ser tomadas como algo definitivo y sin lugar a réplica. Mi intención no es otra que la de dar rienda suelta a algo que en mi interior se fue formando a lo largo de mis muchos años de experiencia en la docencia y en el deporte, dos facetas que casi siempre fueron juntas a lo largo de mi andadura. Lo relacionado con la sociedad es consecuencia de lo anterior, no en vano he conocido a muchos padres y madres, entrenadores, dirigentes, políticos, etc.
Mi vocación siempre fue la enseñanza y tuve la gran suerte de poder dedicarme a ello y mi segunda pasión era y es el deporte. La primera me permitía tener acceso a la juventud para poder desarrollar la segunda, lo cual me permitió una relación muy grande con casi toda ella tanto masculina como femenina, aunque esta última es la que más me preocupó siempre por las dificultades de acceder las mujeres al deporte. Un poco, en principio, forzadas a participar conseguí que muchas mujeres practicasen sobre todo baloncesto, después la mayoría se veían implicadas por que el deporte les gustaba. Las dificultades no eran pocas y pequeñas, todo lo contrario; las familias no se sacrificaban como con los hijos para llevar a las hijas a los entrenamientos o preferían que se quedasen en casa para ayudar a sus madres o ir a clases particulares, dejando el deporte en un segundo plano.
Y aquí vienen las consideraciones que yo quiero hacer: Las chicas que asistían a los entrenamientos y a jugar los partidos programados eran las mejores de sus respectivas clases, las que más actividades desarrollaban, las que no necesitaban ir a clases particulares y cualquier otra actividad que se les propusiese. Pienso que ello era debido a dos cosas, primera eran las más inteligentes lo que les llevaba a aprender mejor la actividad y a ver que el deporte no es una perdida de tiempo sino todo lo contrario, su desarrollo les permitía adquirir una disciplina y sacrificio que les llevaba a la segunda parte, el orden y el rendimiento en sus estudios.
De todos los deportistas que tuve bajo mi tutela, los que se mantenían en la práctica del deporte, no sólo mejoraban su condición física sino que también mejoraban en sus estudios, aquellos que lo dejaban, en el mejor de los casos mantenían sus formas, pero la mayoría empeoraba en sus estudios y en lugar de participar en la actividad se pasaban a otras actividades, muchas veces no deseables.
Por todo ello desde aquí insto a las familias a que animen a sus hijos e hijas a practicar deporte, de él nunca van a sacar perjuicios sino ventajas. La relación que van a tener con los demás va ser la más sana posible frente a la posibilidad de relacionarse con otro mundo más perjudicial, que el lector se puede imaginar a cual me refiero. Las familias, bajo mi punto de vista no deben castigar a sus descendientes a no hacer deporte, mas bien todo lo contrario, cuando flaqueen en sus estudios obligarles a ello con lo cual adquirían el espíritu de sacrificio del que hablaba anteriormente. Hay otras cosas de las que se les pueda privar sin acudir al deporte.
Desde aquí pediría a las asociaciones de padres y madres de los Colegios e Institutos a prestar una mayor atención a las actividades deportivas que, por lo menos en nuestro concejo, las veo bastante desatendidas.
Por último pediría al Ayuntamiento una mayor atención al deporte base, creando escuelas deportivas y poniendo al frente de ellas personas competentes que desarrollasen un programa previamente establecido. Creo que económicamente no sería gravoso para los presupuestos municipales y tendría una gran repercusión de cara a la juventud, sobre todo a la población femenina que es la que menos posibilidades de practicar deporte variado tiene.
Aunque hice una mayor referencia al deporte femenino, todo ello es aplicable a los chicos también.